martes, 15 de mayo de 2018

Tentanda via

Hay una manzana en mi escritorio, soy el maestro. Pensarán que los alumnos me la han obsequiado, pero no es así. Quiero ser un hombre saludable y quiero que los estudiantes lo sepan, quiero que ustedes también lo sepan. 

La manzana atrae las miradas de los pupilos y se preguntan quién de ellos pudo habérmela obsequiado. Se lo preguntan quienes han llegado tarde y no me han visto sacarla de mi mochila y pulirla con el puño de la camisa. Tal vez se pregunten quién es el ñoño traidor entre ellos, o quién ha sido tan perverso para envenenarla. 

Sigue ahí, cercana, pero a la vez al otro lado de la barrera infranqueable del escritorio; apetitosa y brillante, pero traicionera o envenenada. 

La puse ahí, nomás. Un desafío. Quien se esfuerce por preguntar, quien se estire, podrá obtenerla. Sea el fenómeno frente a la mirada, sea una llave que abra mil puertas, sea el fruto del Árbol de la Ciencia. Los hombres se vuelven dioses a costa de infinitos sufrimientos. Los niños se vuelven hombres luego de enfrentar las tentaciones. 

Una manzana en el desierto de mi escritorio. Un oasis. Soy el maestro y esta es la lección: me pregunto si el sufrimiento nos vuelve saludables. Pregúntenselo también ustedes y tal vez brillen como la manzana, que ha venido del Árbol de la Vida a llenarnos todos de dilemas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario